Busazo en Salamá deja dos muertos
- antiguaconecta
- 2 ene
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Un accidente de autobús extraurbano ocurrido en Salamá, Baja Verapaz, se convirtió en el primer hecho trágico en carreteras del país en 2026. El percance dejó dos personas fallecidas y decenas de pasajeros heridos, reavivando las críticas por la falta de controles efectivos al transporte colectivo.
El año 2026 inició con un nuevo episodio de luto en las carreteras guatemaltecas. Un bus extraurbano volcó en la ruta conocida como La Cumbre, en jurisdicción de Salamá, Baja Verapaz, dejando como saldo la muerte del piloto y su ayudante, así como al menos 24 pasajeros heridos, varios de ellos con lesiones de consideración.
De acuerdo con reportes de cuerpos de socorro, la unidad perdió el control en un tramo complicado de la vía y terminó fuera de la carretera. Al lugar acudieron Bomberos Voluntarios y personal de emergencia, quienes realizaron labores de rescate entre los restos del vehículo y atendieron a las víctimas en condiciones precarias, ante la falta de infraestructura adecuada en la zona.
Cinco de los heridos fueron trasladados a centros asistenciales, mientras que otros recibieron atención en el lugar. Entre los pasajeros se encontraban personas de distintas edades, incluidos adultos mayores y menores, lo que agravó la magnitud del impacto humano del accidente.
Las autoridades iniciaron las diligencias correspondientes para determinar las causas del percance. Sin embargo, el hecho vuelve a poner en evidencia un problema estructural que el Estado ha sido incapaz de resolver: la ausencia de una fiscalización real y permanente al transporte extraurbano, unidades obsoletas y rutas sin condiciones mínimas de seguridad.
Este accidente ocurre apenas días después de otra tragedia vial de grandes proporciones, lo que refuerza la percepción ciudadana de abandono y negligencia institucional. Mientras las cifras de muertos y heridos se acumulan, las respuestas oficiales siguen limitándose a investigaciones tardías y llamados genéricos a la prudencia.
El inicio del año deja así una advertencia clara: sin controles estrictos, sin renovación del parque vehicular y sin responsabilidad estatal, las carreteras seguirán cobrando vidas, y el transporte colectivo continuará siendo una ruleta mortal para miles de guatemaltecos.





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