Santa Catalina, el Arco de la “Calle Romantica"
- antiguaconecta
- 16 dic 2025
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Monjas solicitaron su construcción para mantener voto de reclusión.
El lugar obligatorio para la foto del recuerdo en Antigua Guatemala es el Arco de Santa Catalina, ubicado en la 5a avenida Norte del municipio. La edificación se ha detenido en el tiempo. Tiene una historia profunda que ha sido marcada por aconteceres naturales y eventos especiales que marcan su imagen al mundo. Lo que nació como una solución funcional para comunicar dos hogares entre sí pero de forma discreta, sin pensarlo, años después se convertiría en uno de los símbolos más reconocidos de la arquitectura colonial de América.
Todo surgió cuando las monjas del Convento de Santa Catalina Mártir tenían prohibido cruzar la calle a cielo abierto, por ello optaron por solicitar a las autoridades que se permitiera la construcción del Arco durante el año 1693. El principal objetivo era ocultar su paso de un lado al otro, para mantener su voto de reclusión.
En 1773 los terremotos de Santa Marta sacudieron la ciudad con una violencia tal que obligaron de forma permanente al traslado de la capital del país, al Valle de la Ermita, hoy Ciudad de Guatemala. Los daños en casas, palacios, conventos e iglesias los dejaron en ruinas, entre ellos también el Arco, aunque afectado, resistió y el sobrevivir a la destrucción lo convirtió en un símbolo de la resistencia arquitectónica de la ciudad colonial.
El Arco fue remodelado con la adición de una torre con reloj, que se colocó según informes, en el año 1830. La construcción del mismo fue por artesanos franceses, cargando con una nueva era para la estructura arquitectónica de la región.
El siglo XX fue una época crucial para su conservación, con la declaratoria de Antigua como Patrimonio Cultural de la Humanidad, en 1979, obteniendo con ello el Arco de Santa Catalina una protección especial. La edificación fue sometida a los análisis que aseguraban su estabilidad.
Ubicado en “La Calle Romántica”
El recorrido bajo el Arco se alinea con el Volcán de Agua al fondo, una vista especial para turistas nacionales y extranjeros. Ninguno de los arquitectos, las autoridades de la ciudad y la directiva del Convento imaginó que este corredor que ayudaba a mantener un voto de reclusión, mezcla entre historia de encanto colonial, la suavidad del color amarillo y la vista del volcán, terminó siendo un rincón que por calidez y nostalgia se convirtió en un ambiente romántico para las parejas.
El entorno romántico que da el paisaje, lo hizo propenso para la visita de las parejas, por lo cual se le llamó “La Calle Romántica”. Este nombre en la actualidad ha quedado en el olvido, pero que algunos abuelos describen esta historia que les provoca revivir momentos y nostalgia en la Ciudad Colonial.

El Arco de Santa Catalina, fue nombrado por muchos años como “La Calle Romántica”.






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